A menudo observamos que un hombre rudo o inepto se convierte repentinamente en un gran poeta y canta alguna composición divina y magnífica. Ciertamente conseguir la grandeza en un instante no es propio del ingenio humano, sino de la inspiración divina. En ella se manifiesta claramente la divinidad ya que ella ha infundido esta inteligencia por su voluntad.

Una prueba de que esto es así, es que a menudo se apodera de seres inadaptados con preferencia a los que poseen maneras urbanas, y de hombres poco cuerdos, en detrimento de los juiciosos. Esto es porque si dirigiese sus fuerzas hacia hombres hábiles y JUICIOSOS, parecería que la obra poética se ha producido por sutileza e industriosidad humanas. La poesía, al no sucederse pues de la fortuna o del arte, ha de ser atribuida a la divinidad y a las Musas. Con la divinidad Platón se refiere a Apolo, y con las Musas a las almas de las esferas del mundo.
Júpiter es ciertamente la mente de la divinidad de ella se sucede Apolo, mente del alma del mundo’ y de él, las almas de las ocho esferas celestes que son llamadas las nueve Musas puesto que mientras mueven los cielos armoniosamente, producen música, melodía que se distribuye en nueve sonidos, siendo ocho los tonos de las esferas y las nueve Sirenas cantando a la divinidad producen un único canto Así Apolo se deduce de Júpiter y las Musas se siguen de Apolo, o lo que es lo mismo, el séquito de las Musas es llevado por la mente del alma del mundo porque así como aquella mente (sc, Apolo) es iluminada por Júpiter, ella también ilumina las almas de las esferas del mundo.

Éstos son los estadios por los que desciende la locura poética: Júpiter toma a Apolo. Apolo ilumina a las Musas. Las Musas despiertan y estimulan las almas delicadas e insuperables de los poetas. Los poetas inspirados inspiran a su vez a los intérpretes. Finalmente los intérpretes conmueven al auditorio.
No obstante las almas son poseídas por distintas Musas, ya que las almas dependen de diversas esferas y diversos planetas, como se narra en el Timeo, así:

Calíope es la Musa de la voz, la representante de todas las voces de las esferas.

Urania, llamada así por su dignidad de estrella del cielo.

Polymnia, dedicada a Saturno ya que guarda la memoria de la antigüedad y muestra un periodo frío y adusto.

Terpsichore a Júpiter, saludable al coro de los hombres.

Clío a Marte por su ansia de gloria.

Melpómene al Sol, puesto que es la templanza del mundo.
Erato a Venus por el amor.

Euterpe a Mercurio por su honesto placer en asuntos graves.

Talía a la Luna por la lozanía mostrada en su humor en todo tipo de vicisitudes.

Apolo es el alma, su lira el cuerpo del sol, las cuerdas de aquélla y los movimientos de éste son: el anual, el mensual, el diurno y el oblicuo; sus cuatro sonidos son las neates y la hypate.