Ahora bien, la luz intrínseca de un planeta varía sobre la superficie de su cuerpo, de donde procede, de manera que muestra diferentes colores; pero el grado de capacidad del planeta para calentar se deriva de la estructura interna de su cuerpo. Sin embargo, la superficie es una consecuencia de la estructura del cuerpo, de manera que en este sentido el poder de humidificación depende en cierta medida del poder de impartir calor. Sencillez y, evidentemente, “si el color puede ser transferido y propagado de un cuerpo a otro mediante la luz , podemos creer que esto mismo vale para otras cualidades “, porque ciertamente es válido para el calor. Luego es razonable que para cualquier fuerza que un Planeta muestra en su efecto haya alguna disposición análoga en el cuerpo del Planeta. Si esto (es decir, el aserto de la penúltima frase) es así, puede conducirnos a maravillosas prácticas en nuestro arte. Por ejemplo, yo podría decir que en Verano no es saludable permanecer cerca de un muro iluminado por el sol porque el cemento está hecho con cal, la cual, puesto que puede desgastar y corroer las cosas, infunde al rayo que refleja con esta misma propiedad.
Sin embargo, lo primero que parece ir asociado con la luz intrínseca es algún grado de transparencia. Porque si hay luz intrínseca en algo, la luz no va unida a la superficie sino que tiene raíces que penetran más profundamente en el interior, como advertimos en las piedras preciosas. Así para que la luz brille a través se necesita transparencia. No obstante, de hecho muchas cosas se vuelven transparentes por la acción del calor y retienen esa propiedad.