En mi habitual debatir con astrólogos modernos o neo clásicos, por el perfil de mis aportaciones, que suelen parecer mas de tipo sapiencial, que lo mas habitual en estos círculos que son mas parecidos a los magazines, acostumbran a calificarme de “astrólogo teórico”, nada mas lejos de mi practica en la que incorporo unos cientos de consultas, que me han aportado una experiencia de campo, que me ha permitido conocer los clásicos y sus experiencias de forma vivida.

Partiendo de esta reflexión y adentrándonos en la función mas completa del astrólogo clásico, debemos tener presente una serie de reglas cuando atendemos destino de personas, que son de una contundencia importante, y que emanan del modelo natural, y que por mucha psicología y cultura social, siempre emerge en los seres humanos, no solo en este tiempo sino en tiempos pasados, ya que estamos compuestos de naturaleza pura.

Lo primero es definir el espacio tiempo, dentro del modelo natural existen dos espacios:

  • Eterno (no pasa el tiempo)
  • Infinito (pasa el tiempo)

Estos dos espacios reconocidos en el modelo natural, se comportan igual que en ondulatoria lo Eterno es onda portadora, y lo Infinito moduladora, (ver imagen). El astrólogo opera fundamentalmente en espacio tiempo considerándolo un conjunto inseparable, especializando el tiempo en distintas ramificaciones en las que cada organismo opera (microcosmos), así el sistema general de la naturaleza tiene su formato de tiempo propio (macrocosmos), este modelo condiciona la mal llamada “consulta” astrológica, ya que la palabra no responde realmente a lo que la astrología aporta al ser humano, debería ser mas correcto “asesoría o acompañamiento”, pues refleja mas un formato de seguimiento vital , que una acceder de forma puntual, que sería utilizar la palabra consulta.

Así pues siguiendo lo aportado desde la perspectiva de seres vivos imbricados en un sistema espacio tiempo jerárquico (Eterno Y Infinito) el asesoramiento desde la astrología debemos contemplar, como en las personas también aparecen expresiones de lo Eterno (místico) y infinito ( humanístico), poder saber el nivel de profundidad ( de lo infinito a lo eterno) que vamos aplicando en nuestra asesoría, distinguen para ello los clásicos 7 pasos o grados de profundidad en la asesoría o acompañamiento, que se van implementando conforme la persona asesorada va profundizando en descubrir su “misión en la vida” (carta natal) y no tanto su casuística personal, que también.

Grados en el asesoramiento:

  • La escucha (Luna)
  • La empatía (Mercurio)
  • Respeto (Venus)
  • Calor no posesivo (Sol)
  • Honradez, autenticidad ( Marte)
  • Inmediatez (Júpiter)
  • Concreción (Saturno)

Cuando asesoramos siempre tendremos que mantener una actitud asimétrica, (nunca ponernos a la altura del asesorado, ni ser su colega, ni ser terapeutas) recordemos que el astrólogo ocupa el lugar de Saturno, por tanto para que la “asesoría de vida” funcione debemos tener presente que algunos de los asesorados pueden recorrer la vía hacia lo místico, que lo conecta con lo eterno, por eso hay que estar preparados para reconocer estos niveles de asesoramiento y si solo lo planteamos con el modelo materialista de la psicología, no pasaremos del nivel del Sol y la mayoría quedara en el de Venus, por tanto habrá que mandar al asesorado a un religioso para que termine el proceso, ya que las religiones todas mantienen el modelo natural en su acompañamiento espiritual intacto.

A modo de conclusión el ser humano tiene potencia de reconocer lo eterno y lo infinito dos espacios perfectamente definidos desde el mundo clásico, hoy día solo domina el modelo materialista (formato consulta), siendo la astrología clásica mucho más completa en la forma de entender al ser humano y la naturaleza, sobre todo entendiendo que el modelo tiempo “espacio infinito” solo es una preparación (onda moduladora) para descubrir y entender la “misión” que cada uno tenemos (microcosmos) junto con la naturaleza (macrocosmos) en lo eterno (onda portadora) que da sentido a la casuística y para esto se justifica en el infinito la existencia del tiempo, como valor absoluto, pero objetivable desde la vivencia de cada especie natural en particular, imbricada en el conjunto.