(MARSILO FICINO)

Agatón estima que es a causa del amor que las artes fueron entregadas al género humano. El arte de reinar por Júpiter; el arte de lanzar flechas, adivinar y curar, por Apolo; el arte de trabajar los metales, por Vulcano; la industria de tejer, por Minerva; y finalmente, la música por las Musas. Doce divinidades están al frente de los doce signos del Zodíaco: Palas en Aries, Venus en Tauro, Apolo en Géminis, Mercurio en Cáncer, Júpiter en Leo, Ceres en Virgo, Vulcano en Libra, Marte en Escorpión, Diana en Sagitario, Vesta en Capricornio, Juno en Acuario, Neptuno en Piscis.

Todas las artes han sido transmitidas por ellos a nuestra especie. Aquellos signos infunden sus fuerzas para cada arte en el cuerpo, y las divinidades que están al frente de ellos, en el alma.

Así, Júpiter a través de Leo hace al hombre muy apropiado para el gobierno de los hombres y los dioses, esto es, para llevar a cabo dignamente tanto las cosas humanas como las divinas. Apolo, a través de Géminis, nos enseña el arte de tirar con el arco, la adivinación y la medicina. Palas, a través de Aries, la habilidad de tejer. Vulcano, a través de Libra, el trabajo de los metales, y los otros, las artes restantes. Y puesto que, ciertamente, nos conceden generosamente sus favores por la benignidad de su providencia, decimos que lo hacen por el amor que los estimula. Además, estimamos que la consonancia musical nace de la revolución muy rápida y ordenada de los cielos.

Y los ocho tonos de los movimientos de los ocho círculos, y que el noveno se produce como acuerdo de todos juntos. Por tanto, a los nueve sonidos del cielo los llamamos las nueve Musas a causa de la armonía musical.

Desde el principio nuestro espíritu fue dotado de la razón de esta música, y puesto que su origen es celeste, con razón se dice que esta armonía celeste es innata. Después, ésta se imita con los diversos instrumentos y cantos. Y este don igualmente nos ha sido concedido por el amor de la divina providencia.
Por tanto, ilustres amigos, amemos a este dios porque es el más bello, imitémosle porque es el mejor, venerémosle porque es el más feliz, para que por su clemencia y generosidad nos conceda la posesión de su belleza, bondad y felicidad.